El Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial es un tratado internacional firmado originalmente en 1883 y revisado en múltiples ocasiones (Bruselas, Washington, La Haya, Londres, Lisboa, Estocolmo y enmendado en 1979). Este acuerdo establece las bases para la protección de la propiedad industrial a nivel internacional, abarcando invenciones (patentes), marcas, modelos industriales, nombres comerciales, indicaciones geográficas, y la represión de la competencia desleal.
El documento regula aspectos como:
Trato nacional: todos los países miembros deben otorgar a los extranjeros los mismos derechos que a sus nacionales.
Derecho de prioridad: permite que una solicitud de protección presentada en un país miembro tenga efecto en los demás países dentro de un plazo determinado.
Reglas comunes sobre el registro, uso, validez y protección de derechos industriales.
Protección contra el uso indebido de marcas, nombres comerciales y signos distintivos.
Medidas contra la competencia desleal.
Reconocimiento y protección de marcas notoriamente conocidas.
Mecanismos de cooperación administrativa entre los países miembros.
El Convenio también crea estructuras de gobernanza como la Asamblea de la Unión y la Oficina Internacional (actualmente parte de la OMPI), encargadas de su administración y desarrollo.
Este tratado es uno de los pilares fundamentales del sistema internacional de propiedad industrial y ha sido adoptado por la mayoría de los países del mundo.